Luz verde a la planta solar de El Vendrell tras años de evaluación
La Generalitat autoriza finalmente la planta solar de 5 MW en el paraje de La Planassa, supeditada a un estricto plan de seguimiento ambiental por la flora amenazada.
El paraje de La Planassa, a un paso de la urbanización Edèn Parc y del campo de golf en El Vendrell, se prepara para un cambio de aires. Tras años de trámites y una evaluación ambiental que ha puesto sobre la mesa la fragilidad del terreno, el proyecto de planta solar fotovoltaica PSFV El Vendrell ha recibido luz verde definitiva por parte de la Generalitat. El visto bueno llega condicionado a una larga lista de medidas, diseñadas para intentar que los 3,14 hectáreas de paneles convivan con el entorno. La planta, de 5 MW, ocupará parcelas que antaño fueron cultivo y que hoy guardan sorpresas botánicas.
Datos clave
- Potencia
- 5 MW
- Fianza
- 62.698,60 €
- Ubicación
- Paraje de La Planassa, El Vendrell
- Vigencia
- 4 años para iniciar las obras
La tramitación no ha sido un camino de rosas. Informes previos del Servicio de Fauna y Flora calificaron inicialmente el proyecto como incompatible con la preservación de flora amenazada, específicamente el Erodium sanguis-christi y la Anemone palmata. La solución hallada para desatascar la situación ha sido un proyecto piloto que pretende monitorizar el impacto de forma empírica, utilizando estructuras móviles de sujeción superficial para evitar la destrucción del subsuelo. La supervivencia del proyecto depende ahora estrictamente de que esta prueba piloto, junto con las medidas correctivas, se ejecute al detalle.
El proyecto, promovido por la sociedad ERASP SPAIN, SLU, contempla la instalación de 4.536 módulos fotovoltaicos de 620 Wp cada uno. La energía generada se evacuaría a través de una línea subterránea de 65 metros que se conectaría a la red de media tensión FRANQUES1 de la subestación de El Vendrell. La infraestructura incluye además un centro de transformación y un centro de maniobra, cuya construcción debe respetar escrupulosamente los restos arqueológicos detectados en la zona.
El patrimonio cultural, integrado por una masía, una balsa y varios márgenes de piedra seca, ha obligado a modificar la distribución de las placas. El Departamento de Cultura exige ahora un control arqueológico estricto en todos los movimientos de tierras. Cualquier hallazgo o afectación a estos márgenes de piedra seca que no se prevea conservar debe documentarse gráficamente antes de proceder.
La seguridad contra incendios es otro pilar innegociable. La normativa exige la construcción de una balsa con 60 metros cúbicos de agua siempre disponible y la formalización de un convenio si fuera necesario ocupar franjas de protección fuera de la propiedad. Estas medidas deben estar operativas antes de que la planta comience a funcionar.
Las alegaciones vecinales y ecologistas, centradas en la biodiversidad y el paisaje, han dejado su huella en el expediente. Entidades como GEVEN y GEPEC-EdC habían solicitado el descarte del proyecto por el impacto crítico en hábitats protegidos. El acuerdo final responde con una estrategia de naturalización: cajas nido, hoteles de insectos y una cubierta vegetal que se mantendrá mediante siega o pastoreo.
El promotor debe depositar además una fianza para asegurar el desmantelamiento futuro de la planta. El coste total de ejecución material para este desmantelamiento y la posterior recuperación del suelo se ha fijado en 62.698,60 euros. Una cifra que, según los criterios de la Generalitat, garantiza que el paraje pueda volver a su estado original si el proyecto dejara de tener sentido. La vigencia de esta declaración ambiental es de cuatro años, tiempo máximo que tiene la empresa para poner en marcha la instalación antes de que el permiso expire.
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