Iberhidrógeno obtiene el permiso para su planta de hidrógeno en Lerma
La Consejería de Medio Ambiente da luz verde a Iberhidrógeno para construir una planta de producción de hidrógeno verde en Lerma con una potencia de 25 MW.
El municipio de Lerma va a convertirse en un nodo clave de la producción de energía limpia en Burgos. La Consejería de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental ha concedido la autorización ambiental integrada a Iberhidrógeno para su nueva planta de hidrógeno verde en la zona. El proyecto, que llevaba tramitándose desde enero de 2023, ha superado ya todos los filtros administrativos, incluida la declaración de impacto ambiental que se publicó hace casi un año.
Datos clave
- Producción anual
- 2.000 a 4.000 toneladas de hidrógeno
- Potencia instalada
- 25 MW
- Plazo puesta en marcha
- 5 años desde el 27 de octubre de 2026
- Consumo eléctrico
- 133,968 GWh al año
La planta se ubicará en el polígono 621, parcela 5324, ocupando una superficie construida de 13.290 metros cuadrados dentro de una finca total de 78,18 hectáreas. La actividad se centra en la electrolisis de moléculas de agua para obtener hidrógeno de alta pureza, con una potencia instalada de 25 MW. Se estima que la instalación alcanzará una producción anual de entre 2.000 y 4.000 toneladas de hidrógeno, además de generar más de 31.000 toneladas de oxígeno como subproducto.
El suministro energético será fundamentalmente renovable. La compañía ha proyectado un parque eólico y una planta solar fotovoltaica en el propio ámbito del proyecto para alimentar el proceso mediante autoconsumo, reduciendo así la dependencia de la red eléctrica externa. La conexión convencional se mantendrá únicamente como respaldo operativo para momentos de baja generación.
El diseño de la planta incluye tres sistemas diferenciados: la producción propia de hidrógeno, los servicios auxiliares y el almacenamiento. Se prevé una capacidad de almacenamiento de 2 toneladas, con un total de 2,238 toneladas en el sistema. El tratamiento de aguas también es una pieza central: el proceso utilizará agua subterránea captada a través de pozos, con balsas de evaporación para gestionar los efluentes y asegurar el vertido cero a cauces públicos.
La empresa tiene ahora un plazo máximo de cinco años para poner la actividad en marcha. Antes de comenzar a operar, deberá presentar una declaración responsable que confirme el cumplimiento de todas las prescripciones técnicas y ambientales detalladas en la orden. Una vez iniciada, una visita de inspección inicial verificará sobre el terreno que todo encaja con lo proyectado.
Los controles ambientales serán estrictos desde el primer día. El plan incluye la monitorización continua de parámetros de agua, una gestión de residuos que prioriza el reciclaje y un estricto protocolo de seguridad para evitar fugas de hidrógeno, un gas altamente volátil. Además, la planta deberá conservar las manchas de encinas y charcas existentes en la parcela, manteniendo una franja de protección de al menos 10 metros para la fauna local.
La autorización también impone medidas de integración paisajística, como la plantación perimetral de pantallas vegetales con especies propias del entorno. El proyecto busca ser un ejemplo de equilibrio entre la transición energética y el respeto al capital suelo.
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